|
|
|
|
|
|
El viaje fue largo, agotador, pero sin inconvenientes.
El sábado a las tres de la tarde ya habíamos pasado Tinogasta
y nos encontrábamos camino a Fiambalá, a escasos 31 Km.
El sol pegaba fuerte aquel día de
verano. Acabábamos de cruzar las Salinas Grandes, la cuesta de la
Sébila, Va Mazán, Aimogasta, otro desierto y... descubrimos
un arbolito...
Allí nos quedamos por unos minutos a recuperar aliento.
Viendo que era muy temprano para nuestro
arribo a Fiambalá, buscamos algun rincón para descubrir y
oh... sorpresa. Un cartelito de madera indica "Balneario La Aguadita".
La Aguadita resultó
ser:
Atendido por el matrimonio Carlos Varela
y Monique Hoffmans, un catamarqueño y una holandesa espléndidos,
amables y charlatanes. Regentean el lugar, tres piletas alimentadas
con agua termal que hace las delicias de los tinogasteños.
Con ellos nos pusimos a hablar de viajes
y aventuras. Sacamos las fotografías satelitales que llevábamos
y nos mostraron nuevos lugares que quedarán para próximas
"locuras".
Carlos, baquiano, nos comentó que
al día siguiente salían con dos camionetas y el comandante
de Gendarmería Nacional de la zona en busca de un andinista alemán
que se había extraviado intentando escalar el Pissis. Había
pocas esperanzas de hallarlo con vida pues hacía mas de 20 dias
que se había perdido contacto con el. Y esta ya era la tercer o
cuarta expedición en su búsqueda.
Nos invitó. Si queríamos
ir con ellos, pasarían por Fiambalá a eso de las 6 de la
mañana. Bueno, veremos. (En principio muy temprano para nuestras
costumbres, Además teníamos que encontrarnos con Jaimito
y Paola, los cordobeses).
A eso de las seis continuamos viaje. Reservamos habitación en la Hostería de Fiambalá, pedimos que si nos buscaba una pareja de cordobeses en una camioneta gris, les avisaran que habíamos ido a las Termas de Fiambalá, allí a
unos 20 Km, subiendo por la ladera de la montaña.
Hacia allí nos fuimos. Es un bonito lugar. El agua fluye muy caliente por un arroyo y va pasando por varias piletas escalonadas en las que va perdiendo temperatura y dá oportunidad al visitante de elegir cual mas le guste.
Se nos hizo de noche. Mejor bajemos al pueblo.
Llegando a Fiambalá y a punto de cruzar un vado, vemos las luces de un vehículo de frente.
- Deja que crucen ellos primero.
- Che, no será Jaimito, el cordobés?
- Hacele luces.
Si, eran ellos. Allí a la orilla del río y en la obscuridad, las presentaciones y el comienzo de una charla que no se interrumpirá hasta altas horas de la noche, después de una opípara cena en la hostería.
Quedó definido: las seis de la mañana es muy temprano, saldremos mas tarde, quizas los crucemos en el camino. Ahora a dormir.
Domingo:
08:00 Nos levantamos y desayunamos. Creo que nueve y media o diez de la mañana emprendimos camino hacia el paso de San Francisco. Debíamos hacer esa ruta para acercarnos a nuestro destino.
La carretera recientemente asfaltada es un billar.
A eso de las once ya andábamos por Chaschuil.
- Por acá debe estar el desvío
hacia el oeste, hacia la Laguna de Los Aparejos, camino al Pissis.
Yo había marcado unos puntos en el GPS que había relevado de la fotografía satelital y que parecían huellas que se internaban en la montaña,
pero... nada. Para mas la ruta nueva, asfaltada tenía una profunda cuneta de mas de cuatro metros en casi toda su extensión que hacía muy dificil abandonarla.
- Avancemos... quizas encontremos la huella
mas adelante.
Así lo hicimos. Nos detuvimos a explorar en varios sitios. A intentar por el cauce de algún arroyo seco pero, no, por allí no se podía avanzar.
Al rato por fin encontramos unas huellas marcadas que "huelen" como probables. Nos metemos.
Una vez atravesada aquella abertura entre las montañas con forma de silla de montar y de 4767 metros de altura, comienza una bajada hacia otra cuenca interna, es la que conforma la Laguna Azul.
Ya era pasado largo el mediodía
y los estómagos clamaban por algun "combustible", pero aquello era
un páramo, ni un recoveco donde refugiarse un poco del viento.
Al fin, ya cerca de la laguna observamos unas enormes rocas sueltas sobre ese extenso pedregal, que nos brindarían una leve protección.
Allí nos detuvimos.
Lucho, medio atacado por el "soroche" o mal de altura, a duras penas coordina para encender la hornalla portátil y calentar unas sopas disecadas, mientras nos preparamos unos bocaditos con pan y picadillo de carne, pescado e hígado de ganso.
Terminada la frugal comida, Jaimito y Paola se acurrucan bajo una manta e intentan recuperarse de la "puna" que los ha atacado también a ellos.
Cerca de las tres de la tarde continuamos
camino.
La salida de la depresión de la Laguna Azul es, por supuesto, una cuesta.
Atrás dejamos la laguna y una bifurcación: la huella "normal" y la que apunta hacia la "picada".
Sacamos fotos, filmamos e intentamos "devorarnos" con los ojos este paisaje.
Allá, al noroeste la Laguna Azul, de un color cian, mas a la izquierda una pequeña y blanca salina, la parte central de la laguna Verde (color mar caribe), mas al sur (izquierda) una gran extensión seca de la salina de la la Laguna Verde y mas al sur aún otra parte de la laguna Verde (ahora color caramelo) y muchos cerros.
Entre ellos distinguimos uno con varias cumbres y un glaciar de nieves eternas que apunta hacia nosotros.
SI!! Aquel es el PISSIS
Aqui con la lente de acercamiento.
Vemos las cumbres Upame (a la izquierda con 6875m), Samoré (justo
en medio del glaciar), Gendarmería Nacional (a la derecha) y detrás,
medio escondida, la cumbre principal del Pissis de 6882m. La cumbre Ejército
Argentino quedó justo fuera de este cuadro (a la izquierda) pero
la pueden apreciar en la foto anterior.
Vean la foto satelital que nos incitó a conocer aquellos recónditos parajes.
Comenzamos a bajar ahora hacia la parte sur de la Salina de la Laguna Verde (la color caramelo), con la intención de acercarnos un poco mas al Pissis.
Un pronunciado zig-zag arenoso y pedregoso nos hace bajar 600 metros desde aquel mirador a mas de 4700 msnm a los 4192 de la laguna.
Paola no daba mas, el mal de altura la había afectado mucho. El entusiasmo y la ansiedad nos hizo cometer el acto egoista de pedirle un esfuerzo mas, sólo media hora mas para acercarnos al Pissis. Comprensiva pero no muy en plena conciencia aceptó.
Apuramos la marcha, además ya eran casi las cinco de la tarde y no habíamos ido pertrechados para pasar la noche arriba.
Bordeamos toda la laguna por su extremo sur, cruzamos un pequeño salar/barreal, un extenso campo de arena gruesa y vadeamos un río angosto, hasta llegar a las 17:15 al acceso al Valle Ancho (*).
El Pissis nos quedaba al sur, a unos 18 Km.
La senda había
desaparecido y hacia un tiempo que andábamos por arena floja.
Era Hora de regresar. Gracias Paola por el esfuerzo.
|
|
|
|