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Atravesando la sierra de Santa Victoria |
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Allá baja el camino, no parece tan largo el recorrido.
Ya bajamos bastante y todavía
andamos por las crestas
de estas montañas a unos 3700 metros
de altura.
Comienza un enésimo zigzag.
Desde dentro del colectivo vemos,
hacia abajo, parte del camino que deberemos recorrer.

Otro zigzag.
La trompa del gliptodonte a punto de asomarse al vacío. .
Acabo de completar la maniobra "primera-marcha atrás-primera-marcha
atras-primera" para poder girar. Por un defecto de regulación de
la caja de dirección, el radio de giro hacia la derecha era de unos
20 metros, pero a la izquierda necesitaba 30 o mas metros para lograr el
giro.


La iglesia es muy modesta, pero es casi
increíble que haya sido posible construirla allí, en un sitio
tan alejado. Insisto, el cielo de esas latitudes tiene un azul muy intenso.
Las sombras largas nos indican lo avanzado de la hora. Y todavía
nos falta el regreso (subida y bajada) uff... mejor no pensemos en eso.
Las callecitas estan prolijamente empedradas,
pero no fueron diseñadas para el tránsito vehicular, angostas
y empinadas imaginamos como correrá el agua por ellas los días
de lluvia.
Ya eran las seis de la tarde, pronto se pondría
el sol y el camino de regreso lo deberíamos hacer en la obscuridad.
Iniciamos el viaje de vuelta y a los pocos kilómetros escuchamos por la radio al resto del equipo.
Unos kilómetros mas y nos cruzamos con ellos.
Excepción hecha de que en el lugar era imposible retomar con el colectivo, no encuentro otra razón plausible para explicar por que no volvimos con ellos hasta Iruya y nos qedamos allí a pasar la noche.
No sé, son esas decisiones que no tienen explicación. A nadie se le ocurrió sugerirlo.
La cuestión fué que nosotros, con Héctor continuamos el camino de regreso para llegar a Humahuaca cerca de la medianoche. Ellos continuaron viaje a conocer Iruya, a pesar que ya se ponía el sol.
Poco antes de llegar a Humahuaca nos alcanzaron y sobrepasaron Jorge, Lucho y Francisco en la Honda CRV y se adelantaron para conseguir alojamiento.
Por supuesto recibimos todo tipo de calificativos por la decisión inconsulta de adentrarnos hacia Iruya, dejando al resto del grupo en la incertidumbre acerca de lo que nos había pasado.
En fin... en este viaje, cada vez que nos separamos se originó un problema, posiblemente fue fruto de viajar en dos vehículos de muy distintas características y perfomances.
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