LAGUNA BRAVA II
Visitando los Refugios

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CONTINÚA DÍA 3, (LUNES 9 DE AGOSTO de 1.999)


      Salimos de La Brava y nos dirigimos al Refugio y laguna Mulas Muertas.
Para ello tenemos que abandonar el camino principal.


Foto: Carlos Lucchini

A unos 10 kilómetros divisamos el Refugio Mulas Muertas y detrás, el resplandor de la sal de la laguna homónima.


El Cuervo 1 se nos había insolado y el “pai” Conejo Negro le efectúa una de sus extrañas, ocultas y milagrosas curaciones. (Y todo para recibir unas migajas mas del cocinero...).      


      Conejo Negro no sabe que hacer para quedar bien con Jorge (el cocinero del grupo). Acá procurándole hielo para el whisky.


Foto: Francisco Saputo

Ambos Eduardos descansando en el Refugio Mulas Muertas,
con la vista de la laguna como fondo.


Foto: Francisco Saputo
Pasando el refugio, comienza la bajada a la laguna Mulas Muertas.


Foto: Carlos Lucchini


Foto: Carlos Lucchini


Foto: Francisco Saputo

Mulas Muertas resultó ser una laguna mucho mas bella aún que La Brava.


Foto: Carlos Lucchini
A campo traviesa saliendo de la laguna Mulas Muertas ahorrando unos kilómetros.
Allá en el fondo, la huella se confunde con la costa de la laguna Brava.

Nos dirigíamos al próximo refugio.


Hacia el noroeste habíamos divisado una construcción de piedra que podía ser lo que buscábamos. Ya se acercaba la noche y era conveniente encontrar un buen resguardo donde armar campamento.      

Llegamos, era el refugio "Laguna Brava", pero al revisar los alrededores nos encontramos con esta sorpresa que nos desanimó.


Ahí estaba la osamenta de "El Destapado" tal como figuraba en la precaria cruz y apenas cubierto por unas piedras.

Después de ver al “Destapado”, que suponemos murió congelado por el frío de la noche, los muchachos decidieron buscar otro refugio.
Seguimos subiendo, hacia la cordillera y “salimos de Guatemala para meternos en guatepeor”...


Foto: Carlos Lucchini

En el Refugio del Veladero, a mayor altura, la nieve se acumulaba en la entrada y en el interior.


      Pero afuera había una casilla rodante abandonada y semidestruída.

Esa noche dormimos allí, mitad en la casilla rodante abandonada y mitad en los coches.

El frío fue "para recordar".


Foto: Francisco Saputo
La mañana nos despertó con sus 18 temibles grados bajos cero.

Ese día comenzaría la segunda parte de esta aventura, narrada en
  MAS ALLÁ DE LA LAGUNA BRAVA.


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